III. Mandrax
¿Veis a ese desecho de caballera espesa?
Parece abrigarle una profunda necesidad de sacrificio, autocontrol y hambre.
Es difícil volver sobre algo desordenado con lo que te sientes satisfecho. Igual a estar encerrado en una habitación donde ningún analgésico mitiga el dolor ante la ausencia de un amor disperso.
Nunca ha podido elegir la clase de libros que quería escribir, o los poemas, o las mujeres a las que quería amar o las vidas que deseaba vivir.
Lo malo no son sus quemaduras sino lo inane de su cicatriz.