Parece abrigarle una profunda necesidad de sacrificio, autocontrol y hambre. Es difícil volver sobre algo desordenado con lo que te sientes satisfecho. Igual a estar encerrado en una habitación donde ningún analgésico mitiga el dolor ante la ausencia de un amor disperso. Nunca ha podido elegir la clase de libros que quería escribir, o los poemas, o las mujeres a las que quería amar o las vidas que deseaba vivir. Lo malo no son sus quemaduras sino lo inane de su cicatriz. Como una llamarada de eternidad sobre la tierra sonámbula tu cuerpo interminablemente cediendo vuelve a rebrillar en su vuelo súbito por un puente silábico. En el imán del agua, el océano gotea esa embriaguez con la que un cuerpo dentro de otro agoniza por hundir en lo eterno la identidad humana sin convincente destino de regazo estable. Por su táctil vigencia refulgía el carnal fuego armonioso núbil que derrama en sus pétalos tanta gloria de savias atrayendo el aroma vaginal del ...