X. Desmoralización civil y otras inquisiciones

Pensar la idoneidad del sistema en el que vivimos no es osado, estupidez de prepotente o delirio de filósofo barato.


Se nos quiere hacer creer que imponer un proceso de identificación que normalice, por fin, esta fuerza incontrolable e imprevisible es tarea imposible.


Y, no, amiguitos, no es así... ¡Reflexionar sobre el devenir sacro de la salud del reacomodo real de la maltrecha democracia occidental es nuestra obligación cívica!


Si no, nos abandonamos en un estercolero y renunciamos al estatus de ciudadanos.


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