Últimos poemas para la gata (III)

 III


Daba lástima

verte arrastrándote

suplicándome atención.


Tal vez

debí ser domador

en tu circo salvaje

o emperador romano

para dictar sentencia

a cada una de tus fieras


o Cristo Rey bien alto

para mandarte lejos

de la antesala a mi infierno

de orgías por acabar.


Desde luego,

no estuviste a la altura

de los designios de mi miembro

por el grunge de los noventa.


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