Bocados Breves (LXXIX)


Quién sabe qué nos hizo chocar causalmente en la puerta de aquel tigre. Quizá alguna profecía planetaria (o tal vez no).


Ahora pertenecemos a un sudor común y la ira afónica del reproche queda lejos de estropearnos la noche.


Ahora acabamos de empezar y tú estás que te sales.


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