Huidas y venidas
I
Hostígame en la sangre,
sé todo lo cruel que sepas.
No me vuelvas a perdonar.
Nunca más me ofrezcas una tregua.
Todo lo que nos precede
lo habitaron antes los primeros pobladores del mundo.
Hallar el vértice último
para nuestros encuentros binarios
sería la espléndida definición del sur.
Se perfila el crepúsculo
como el irrisorio juego del espejo
que trazan nuestros cuerpos danzando.
Un ancestral sentimiento me sobrecoge
alrededor de la libación secreta
de la metamorfosis en el instante.
Dormido o despierto,
en tu vientre me entierro.
II
Mientras te vas apagando
el planeta rojo sigue parpadeando...
Todo gira en su propia órbita:
hay voces tristes que gimen
mientras los acordes de nuestras canciones
ocupan todo el lugar
donde solíamos dejarnos caer.