El Origen del Ser #2

 Desperté, trémulo, sorprendido,

en ese golfo de sombras

que es tu sexo dormido.


Balbuceé, entonado, envilecido

y, bribón, brindé envanecido

con sus pestañas de alfombra


para que el amor

y sus ruinas no desvíe

lo que el fulgor del salitre

nos obsequió

en este desfile

de mescalina y líquidos,

de gemidos atendidos,

de carne y sangre...


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