La amistad de los barcos
Dilecto camarada, mi currículum se dilata entre latas de coca
cola con nombres de mujer y envases al vacío.
Bien, ¿sabes qué
pasa? Que tengo muchas ganas de hacer Sevilla y cuento las horas. En realidad,
cuanto antes fuera mejor. Pero no confundamos mis ganas irracionales con las
posibilidades reales.
A mí me gusta mucho
el verso ese de Quevedo de "solamente lo fugitivo permanece y dura".
He dedicado mis últimos cuatro años de vida a parecerme a la obra de Quevedo.
No sé si lo he conseguido, pero, a buen seguro, mis biógrafos tendrán
suficiente material para explayarse... Yo que tantas noches atravesé en triunfo
los arcos de Madrid. Yo que más que un escritor hubiera querido ser matador de
toros...
Me gustaría pensar
que, aunque no sea políticamente correcto decirlo en estos días, somos
andaluces ocultos. Al fin y al cabo, como Cernuda decía "Andalucía es un
sueño que unos cuantos andaluces llevan dentro".
Con la edad
aprendemos a envolvernos en pliegues cada vez más ondulantes. Es decir, que la
máscara se convirtó, al fin, en nuestra verdadera personalidad.
¿Otra perogrullada?
Blaise Pascal dijo: "Vale más saber alguna cosa de todo, que sberlo todo
de una cosa". Esta afirmación nos lleva a los clásicos otra vez. Cervantes escribía que ninguna semejanza hay
que más al vivo nos represente lo que somos y lo que hemos de ser, como la
comedia y los comediantes. ¿Solución aparente? Quedarse colgado como un cuadro
de Umberto Boccioni en la pared de papel de nuestra amante favorita.
En estas mis últimas
horas en la ciudad que me vio crecer, pienso en ella. ¿Quién en el beso termina
el beso? Nadie se conoce hasta que no se pierde en la boca de su semejante
mujer.
Todo es bello en el arte cuando la crueldad es un témpano de
hielo derritiéndose.