Lo que llamamos vivir
¿Qué sentiría Woody Allen cuando vio que Rhapsody in Blue y
las imágenes de Park Avenue emparejaban tan bien como el pan con el aceite?
Racionalizar el talento del judío sería un
acto baldío. Nada que valga la pena entra por la mente.
En el arte la búsqueda de la belleza no es lo único pero es un
buen precepto para comenzar a observar nuestro alrededor. Dedicarse a los
afectos, al amor, escuchar buenos discos, leer maravillosos libros, preparar
rica comida es la misión más digna y cabal para abandonarse.
La vez que me encontré con Yoko Ono me desperté con
una clarividencia: de mis manos salían unas líneas paralelas que pegaban contra
la pared.
Esta anécdota me lleva de nuevo a Manhattan. Porque lo
malo del invierno no es el amor, sino su incertidumbre. El corazón es mucho más
resistente de lo que pensamos.
Los discos siempre te llevan a momentos concretos del
pasado. También a estaciones. Hay discos de verano u otoño como hay rubias y
morenas. ¿Otoño? El hombre del traje gris ¿Invierno? Blood on the tracks
¿Primavera? Honestidad brutal ¿Verano? Revolver.
Uno siempre se enamora de la misma chica como siempre
se escribe la misma canción. El hombre es monógamo por naturaleza. Sólo
hace variaciones sobre un mismo tema. Es el principio de fidelidad hacia uno
mismo. En el amor o en el arte sólo hay un camino que nos viene dado.
Dar es una forma oculta del egoísmo. Es un punto a
observar. Uno está un poco cansado de tanta metamorfosis recurrente.
Muchos de nosotros cambiamos todo por un buen partido
de fútbol por televisión. Nos echamos a nosotros mismos de la universidad.
La vida nunca es como creemos que va a ser la vida. La
vida está hecha de momentos muy malos. La vida es precaria y transitoria. La
vida no nos alcanza.
Pero igual merece la pena vivirla.