Balance
Los enemigos del orden constitucional saben que es el momento
de emprender sus fechorías contra la unión nacional. La opinión pública parece
haber dimitido de su responsabilidad en manos de unos locos con carné. Todo es
una farsa. Hay que ser muy educado con uno mismo. Ser piadoso con el
caído. Sí, pero hasta un punto. Me pregunto si habrá alguien capaz de
plantarles cara.
En los últimos años vivimos un espectáculo lamentable, digno
de una comedia esperpéntica de Valle-Inclán. Los regímenes dirigen a sus súbditos al pudridero prometiéndoles el paraíso del
cielo en la tierra. Por un alto al fuego verbal se ha promovido cientos de
guerras. Jóvenes intrépidos promueven la inestabilidad mientras un próximo Jean
Cocteau se echa a perder en una de esas marchas de camisas negras por las calles
del centro de Madrid.
He procurado no olvidar mis remotas y ya desdibujadas
humanidades en este proceso genuinamente totalitario de referéndum
separatista. Y, sin embargo, a veces caigo en la provocación de la llamada
rabiosa actualidad. Nos negamos la plenitud por esa actitud tan estúpida de
atender el escarnio público de la rutina y sus querellas.
Me esforzaré por ser un poquito mejor y acabar mi primera
novela.