Donde nunca III

Con la niebla devorándonos el alma, la soledad no deja de ser una férrea fuente primordial y estable en esta desnortada remembranza que amenaza con hundirnos en una sed eterna.

Días de vino y fuego forzando la perífrasis de la lealtad a la humedad de la infidelidad. Todo un torrente para un mismo afluente egoísta y mezquino.

Entre la acción y la melancolía, solo nos queda el 100% de nada. 


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