Donde nunca IV
Supongo que escribo urgentemente por miedo a que me falle la
memoria. Reelaborar la experiencia del lenguaje siempre es una consecuencia de
la experiencia vivida. Es decir, una abnegada manifestación de derrota.
Quien se entrega corre el riesgo de caer en líneas del enemigo. Todo lo que sea
excederse en la autocomplacencia del propio ombligo supone un inventario del
ideario ajeno.
Igual que los frenos no sirven para correr por la autopista, cualquier
conversación acaba siendo una burda discusión.