Gracias Señor


Gracias Señor

por haberme salvado.


Gracias Señor

por haberme enseñado

a redimir el pecado.


Gracias Señor

por haberme enmendado.


Gracias Señor

por haberme rescatado

del rebaño cuadrado.


Gracias Señor

por haberme alumbrado.


Gracias Señor

por haberme transportado

a aquel paso de cebra tan celebrado

aún horas después.


Gracias Señor

por su pelo de trigo bruñido.


Gracias Señor

por haber sido

mi compañero fiel


en el encuentro furtivo

entre mi piel y su piel.


Gracias Señor

por haberla creado.


Entradas populares de este blog

Primer plato: LENTEJAS

Cara de póquer

¿Cómo superar la atragantada navidad? Recetario para afrontar indigestiones y resacas